Marea alta: maktub, estaba escrito.
- Mareniax
- hace 21 horas
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El tiempo se detuvo. Observé el reloj de arena sobre la mesa, este mismo había terminado su jornada.
La muerte no encuentra palabras para mí, pero, intentó abrazarme para brindarme consuelo. Mamá ha trascendido a otro plano. Ella no está muerta.
Su ciclo de vida ha comenzado.
¿Quién soy?
¿A qué vengo?
No lo sé, pero, mis padres a través del dolor descubrieron su propósito terrenal: luchar, sobrevivir y correr sin huir. Los patrones han terminado con ellos.
Su herencia no es económica, pero, sí es un tanto espiritual. Hoy tengo dos herramientas necesarias para trazar un nuevo camino: fortaleza y miedo.
Sí, miedo. Toda mi vida he vivido con ello, sin embargo, la muerte fue forjando mi carácter para no temer más. Intentar sin miedo a fracasar.
Tuve miedo cuando papá falleció;
al recibir los resultados de ingreso a la universidad;
pensé lo peor al subirme a un avión por primera vez;
temí en mi primer viaje sola;
lloré en cada internamiento de mi madre;
quería desplomarme cuando cayó en shock;
tenía miedo de crecer y soltar.
"Sé positiva en todo, mientras pienses que puedes lograr las cosas siempre lo harás, pero, pensar negativamente te arrastrará hasta lo más bajo". -Dijo mi papá, una mañana donde me encontró llorando en mi cuarto.
"En este tipo de situaciones siempre tiene que existir alguien fuerte, pensar con la cabeza fría." -Decía mi mamá, porque me veía temblar sin parar cada que acudíamos al hospital. Los dos me prepararon para vivir, pero, no lo entendí hasta esa tarde donde el invierno abandonaba La Sultana del Norte.
La marea ha subido.
Papá ha llegado a la orilla del mar.
Mamá no quería partir. Ella corrió hacía mí y me abrazó. Le dije cuánto la quería, besé su frente y fue ahí cuando comprendió todo.
Su hija estaba lista para crecer sin ambos.
Mis papás se tomaron de las manos, no había vuelta atrás.
No me despedí.
Mis lágrimas cayeron al mar, haciendo un pacto de nuestro reencuentro en un futuro no tan cercano.
Abrí mis ojos y volví a la realidad.
No hay nada más que me retenga en esta ciudad.


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