Ansiedad
- Mareniax
- 25 may
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He perdido por completo la razón.
Mis pulmones han colapsado, pero no puedo parar de correr.
Quiero huir, gritar, desgarrarme la piel por completo; deseo vivir.
No entiendo nada, pero hay sangre recorriendo mis manos y pies.
Me detuve un momento frente al viejo roble del bulevar, ¿por qué hay un espejo colgando de él?
El viento era tan fuerte que azotaba mi piel; desordenaba cada uno de mis cabellos, dejándome así observar un rostro tan pálido, pero sobre todo tan cansado, con los ojos hinchados y pupilas dilatadas.
¿Quién soy?
¿A dónde pertenezco?
¿Por qué no puedo decidir por mí?
Me desplomé sin importar nada.
Tendida en el suelo, seguía sin comprender todo este dolor; solamente gritaba pidiendo ayuda, aunque pareciera que no he conseguido ser escuchada.
Dios, ¿realmente me escuchas?
Dios, estoy tan cansada. ¿Qué más quieres de mí?
Después de llorar por horas, he perdido la noción del tiempo.
Desperté al escuchar el sonido de las olas del mar golpeando la orilla de una playa; pensé que era un sueño. Sin embargo, al abrir los ojos, logré percatarme de que estaba entre arena tan blanca y tan fría como la nieve.
Dos personas estaban frente a mí.
Ambos extendieron sus brazos y, sin pensar, me abalancé hacia ellos.
Papá, dame la fuerza que necesito.
Mamá, bríndame toda esa paz que me ha sido negada desde esa noche.
¡Dios, no me abandones más! Necesito seguir.
No quiero huir más.
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