Viernes 7
- Mareniax
- hace 1 día
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Papá fue llevado al hospital un viernes.
Falleció al siguiente.
7 días.
Mamá se debilitó un viernes.
Colapsó 7 días después.
El 7 marcó mi vida desde niña.
Los hospitales son fríos, mucho más cuando solo puedes observar a todo un equipo de médicos, enfermeros y auxiliares corriendo con dirección fija a los quirófanos. Otros recorren los pasillos con papeletas de cada uno de sus pacientes; unos más salen a entregar buenas o malas noticias al resto de familiares en la sala. Una madrugada escuché los gritos desgarradores de una mujer que había visto morir a su hermano.
Estar en casa de abuela en verano era aburrido, no había clases, mis amigas vivían lejos y mis papás estaban siempre en el hospital. Un día tomé una hoja donde dejaron cada dato sobre los teléfonos del lugar, junto con la extensión de la habitación de papi. Decidí marcarles y preguntar por ellos. Sólo tenía 7 años en ese momento, ellos quedaron perplejos al saber que nadie más me ayudó para llamar. Papá estaba riendo y mantenía una voz entre cortada, seguí y seguí hablando sin parar, tal cuál como el pequeño periquito de mi vecina.
Desde niña dejé la religión inculcada por mis padres.
Antes de mirar a papi por última vez; pedí con todo mi corazón su salvación, pero, sólo volví a verlo dentro de una caja y sin alma.
¿Hoy debo seguir creyendo?
Pedí por la vida de mamá en la capilla de la clínica.
Pedí por su salud en la basílica.
Pedí por ella cada mañana antes de partir a mi trabajo.
¿Dios me escuchará?, ¿realmente existe?, ¿por qué quiero renegar nuevamente de la fe?, ¿es justo todo esto?
Hoy estoy aquí de nuevo mirando ese reloj de arena en el centro de la mesa.
Tengo miedo;
ansiedad;
rabia;
odio;
un sabor amargo en mi boca.
Estoy sola.
Llorando como aquella niña pequeña hecha bolita en la cama de sus padres, mientras se aferra a la camisa de papá que aún mantenía su aroma.


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