Rutina
- Mareniax
- 18 nov 2025
- 1 Min. de lectura
Cuando era pequeñita amaba estar pegada a mi papi. No importaba no hacer nada, los dos podíamos disfrutar del día viendo únicamente el atardecer. ¿Será por ello que me encantan los atardeceres y las nubes del verano?
Mamá siempre estaba en casa, pero, no estaba presente ¿me explicó? Sólo intercambiábamos palabras cuando discutíamos. Quizá detestaba ver el rostro de mi padre en mí, y, yo odiaba que ella no pudo salvar su vida.
Crecí de una forma tan irracional, creando una realidad alterna sobre mi futuro. Sin embargo, nunca hacía nada por llegar a todo lo que soñaba.
Todas las tardes al llegar de la escuela dormía, porque Morfeo me asfixiaba hasta perder completamente la conciencia. Despertar era lo peor del día, porque de nuevo estaba aquí. Existía, colapsaba y me pudría en vida.
Comer, dormir, llorar.
Repetir.
Saciar, llorar y dormir.
Repetir.
Gritar, maldecir, llorar.
Repetir.
¿Esto cuándo terminará?



Comentarios