Marea negra.
- Mareniax
- 22 sept 2025
- 3 Min. de lectura
12 de septiembre del 2012. He empacado todas mis cosas en una pequeña maleta, nuevamente regresaré a casa de abue. Papi había logrado estar 1 año completo fuera del hospital, pero, hoy nuevamente regresará a ese horrible lugar. Quizá nuevamente nos veamos dentro de un par de meses, volverá por mí, me regalará un nuevo peluche y estaremos en casa comiendo sandía mientras vemos el televisor.
Aunque tengo un ligero presentimiento con todo esto. Salí de mi recámara, volteé ligeramente a la de mis padres y pude observar de espaldas a mi padre en la esquina de su cama, estaba colocándose un par de calcetas blancas. No le dirigí la palabra, no le dije adiós, no lo abracé. Solamente me fui.
13 de septiembre del 2012.
Mamá había dejado preparado un bisteck en salsa de tomate, por lo tanto, abue decidió que lo recalentaría para poder comer juntas. Poco tiempo después con nuestros platos servidos sobre la mesa, el teléfono comenzó a sonar. Al otro lado de la línea hablaba una tía, decía que habían operado a mi papá y todo estaba muy bien. Decidí no alarmarme, con esto dicho sabía que pronto estaríamos juntos nuevamente. Por la noche no podía dormir, tenía demasiado calor, estaba tan incómoda y desesperada por regresar a mi casa. Pedí tanto a Dios que pronto todo esto terminara. 14 de septiembre del 2012.
Desperté abruptamente al escuchar un gran estruendo. Increíblemente el calor había sido consumido por una gran tormenta que azotaba la madrugada del viernes.
Escuché como alguien tocaba la puerta del cuarto, sólo tres veces golpearon de la forma más ligera, pero, más llamativa posible. Al otro lado de la habitación se escucha alguien con la voz entrecortada: "-¿y la niña?, ¿qué pasará con ella?" Era mi tío hablando por teléfono. No entendía nada, no comprendía nada, no sabía porque está madrugada era tan estruendosa. Tomé mi teléfono y me quedé fijamente viendo una fotografía de papi. Mi rostro comenzó a inundarse, le imploraba que no podía abandonarme, no era momento. Teníamos muchas cosas por hacer, mucho por lo cual debía luchar. El miedo recorría mi cuerpo, no estaba preparada para esto. Al poco tiempo escuché como abrieron la puerta principal de la sala. Era mamá. Sus ojos estaban consumidos por el odio, la rabia y una tristeza inmensa. Sólo la miré fijamente, sabía lo que sucedía, pero, no quería escucharlo.
-¿¡ Y papi!?, ¿dónde está?
-Él ya está con Dios, hija.
Pocas horas después fuimos a casa, ella tenía que preparar todo el papeleo para el funeral. No comprendía nada. No escuchaba nada, estaba en shock.
Tomé la camisa del trabajo de papi, y, me tumbé a la cama mientras me aferraba a ella. Me arrepentí en no haberlo abrazado por última vez.
15 de septiembre del 2012.
Las calles estaban repletas de gozo y alegría ante las fiestas patrias, mientras mi alma se corrompía.
Durante el funeral no lloré, sólo estaba confundida. En esa caja no estaba él, ni siquiera se parecía. Él no podía estar muerto.
Mi tristeza de un momento a otro se convirtió en odio ante la vida, ante Dios y ante mi propia madre. Una marea negra invadió mi alma, mente y corazón.
Colapsé mentalmente.
En un instante bloqueé cada recuerdo con él.
Su muerte se convertiría en una de las sátiras más trágicas frente a mis ojos.



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