“Crisis de ausencia”
- Mareniax
- hace 37 minutos
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Sentir es parte de nuestra naturaleza humana, la única diferencia radica entre las reacciones tomadas en cada situación.
Pánico.
Tristeza.
Culpa.
Coraje.
Ansiedad.
Soledad.
Todo esto me invadió en pocos segundos.
Pero, también tenía que estar activa.
Por más que intenté hacerme bolita y llorar, me contuve y pude continuar.
Nunca imaginé volver a estar llorando en la capilla del hospital, pidiendo a un ser omnipotente por una vida terrenal.
La muerte me ha perseguido en cada rincón del lugar; subiendo las escaleras; tras de mí en los elevadores; mientras estaba fuera de urgencias esperando una respuesta, y, observando a las enfermeras entrar durante la madrugada a la habitación.
El reloj de arena apareció en la sala de espera. ¿Quién lo ha traído hasta aquí?
Durante estos días he observado llegar y salir a diferentes familiares de las habitaciones continuas, el cambio entre los relevos nocturnos, cada día un rostro diferente con su paciente.
La habitación 208 parece un poco olvidada, desde ese sábado hemos estado solitas. Parece curioso, porque estoy viviendo lo que sucedía con mis papás en su momento. En cada internamiento de papi, solamente mi mamá estaba ahí. Día y noche. Podía durar semanas o hasta meses sin saber de ellos.
Al principio sentía tristeza por estar sola día y noche junto a ella, pero, mis amigos han llamado día y noche preguntando sobre nuevas noticias; me han brindado cobijo; comida; abrazos y apoyo. Incluso recibimos apoyo de personas con las cuales nunca he cruzado palabra, lo cual me resulta extraño y me hace sentir agradecida, porque a pesar de vivir en la negatividad eterna, pude abrir mis ojos para comprender que no todo es malo en nuestra estadía terrenal.
Me siento débil.
Cansada.
Confundida.
Cada momento al ponerme de pie tengo un mareo momentáneo.
Veo el reloj avanzar.
Tengo esperanza de poder salir de aquí junto a ella nuevamente, regresar a casa y vivir.



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